El derecho a no sentirte un error: por qué escribí «El chiste de leer»

Hola, soy Luis Pescetti y quiero contarles por qué escribí este libro: *El chiste de leer*. Y tengo que hacer un rulo, porque tiene que ver con, para mí, una de las cosas más importantes con las que trabajo es el derecho a la identidad. No es solamente el derecho a tener una afiliación o un documento. Es específicamente, y relacionado con este libro, a no sentirte un error. Todo niño tiene derecho —todo niño, toda niña— a no sentir que es un error. Y la educación no te puede hacer sentir eso, ni tus amigos, ni nada de lo que vivas, ni les… nada de lo que vivas puede hacerte sentir eso. Por supuesto, vamos a la escuela y tenemos un montón… tenemos amigos, tenemos montones de errores, pero una cosa es tener errores y otra cosa es hacerte sentir un error.

 

Yo, por ejemplo, yo uso lentes. Entonces, si en vez de estos lentes yo no usara lentes, o usara otros que tienen otra graduación, yo no vería, no vería y me la pasaría todo el tiempo… Este es un ejemplo de los lentes que me dio un amigo, Gastón Klein, y yo me la pasaría diciendo: *»Pero ¿qué pasa, no veo?»*, hasta que me ponen los lentes correctos. Y no era el error yo; el error eran los lentes. ¡Ah, qué alivio!

 

Bueno, exactamente eso pasa con el gusto por la lectura, con la lectura y con las actividades y, en general, con el conocimiento y la escuela y los chicos. Muchas veces —muchas pero muchas, es el 99,102%— tiene que ver con el contenido y con… Ahora un momento de silencio, porque es para dar lugar a las críticas de *»¿Cuánto hace que no está enfrente a un aula? Usted… es muy fácil…»*, que ya me ha pasado. Entonces, un momento de luto y silencio para dar tiempo a la escrit… Yo, 30 años de docente, también lo he oído… de esas críticas, ¿cómo no? Y a todas ellas, como dice acá Daniel Pennac en este maravilloso libro que se llama *Mal de escuela*: *»Vivía allí de los 12 a los…»* Estuvo internado. Estuvo internado. *»Vivía allí de los 12 a los 16 años, interno, y de entre todos los profesores que tuve que soportar, cuatro me salvaron»*. Entonces, cuando me dicen: *»Yo llevo 30…»*, bueno, si fuiste de los cuatro que lo salvaron, mis respetos, mis disculpas. Si fuiste de los que tuvo que soportar, haciendo lugar, por favor, a la fila, que al fondo hay lugar.

 

Bueno, entonces, ¿por qué? Porque cuando vos… si llevas el auto al mecánico, ¿no?, y te dice: *»30 años al frente de esto»*, sí, pero me lo arreglaste mal. ¿Qué va a hacerle? No necesitas ser un profesional para reclamar un derecho o decir: *»Che, mira, yo de óptica no sé, pero con estos lentes no veo»*.

 

Después de la pandemia, yo veía el material con el que le daban a enseñar, con el que… con el que enseñaban lectoescritura a los chicos y se me hizo muy evidente en la pandemia. Me parecía soso, aburrido, porque, por una parte, los chicos… por una parte, los chicos recibían la… la gravedad de todo lo que estábamos viviendo, la… la conmoción, digamos, la conmoción de no poder salir, de… en fin, todo lo que vivimos. Y, por otra parte, la escuela… no hablábamos de eso y seguíamos con los mismos materiales. Yo lo entiendo en un… o sea, una cosa es estar frente a un chico, la otra cosa es estar frente a un ministerio. No debe haber sido nada fácil. 30 años frente a este ministerio, es cierto. Pero también es cierto que para los chicos no era fácil hacer… los chicos son maquinarias de congruencia. Y contra todo lo que siempre se… a veces se dice… con lo que siempre a veces se dice, tal cual, que los chicos son caprichosos: los chicos son todo lo contrario de algo caprichoso. Si reaccionan con capricho es porque, de impotencia, recurren a la… a la emocionalidad, o porque les estalla la emocionalidad porque no tienen otra manera de decir así. ¿No?

 

Otra hermosa frase de este libro: *»El origen de la delincuencia se encuentra en la secreta aplicación de todas las facultades de la inteligencia a la astucia»*. Es brillante la frase: *»El origen de la de la delincuencia se encuentra en la secreta aplicación de todas las facultades de la inteligencia a la astucia»*. Como educadores, yo como… como artista, encima, tengo que dar lugar a la inteligencia. Si no, lo único que voy a dar lugar es a la astucia para esquivarme, ¿no? ¿Se entiende? Sí.

 

Bueno, entonces yo veía el material de lectoescritura con el que se enseñaba a leer y… y me parecía que no se correspondía con… porque los chicos, ¿se acuerdan en la pandemia?, veían el streaming que veían los hermanos, los hermanos mayores, la familia, y se empezaban a… además fue la época en la que las plataformas empezaron a entrar más y se empezaron a contagiar de otra… de otro alcance narrativo, por así decirlo, de otra velocidad narrativa. Y sentí que había que cambiar. O sea, que un chico no podía aprender a leer con el mismo contenido que hace 5 o 10 años, porque estaban… habían aprendido a leer códigos más complejos. Entonces me dije: con lo que yo sé hacer… si fuera cocinero lo hubiera hecho con recetas de cocina, y si fuera mecánico con otra cosa… lo con humor. Yo dije: ¿por qué no enseñarle a leer a los chicos con chistes, con humor? Que lean y se sorprendan: *»¡Ah! ¿Se pueden leer cosas que son divertidas?»* Sí. *»¿Ah, pueden enseñarme a leer con Astérix?»* Sí. *»¿Ah, pueden enseñarme a leer con Tintín, y con Mafalda?»* Sí. Sí. Y sí, puede enseñarte a leer con lo que sea que… es más, deberíamos enseñarte a leer con lo que sea que te vuela la cabeza.

 

Y tengo acá un maravilloso ejemplo. Está Scott Kelly, que fue el primer astronauta que pasó un año en el espacio, en la estación espacial, y escribió un libro que se llama *Resistencia*, que es un repaso autobiográfico y una crónica de ese año en el espacio. *»Si fuese niño ahora, tal vez me diagnosticarían déficit de atención»*. Quiero repetir eso: *»Si fuese niño ahora, tal vez me diagnosticarían déficit de atención»*, porque estaba peleando medio haciendo tareas y exámenes con un profesor que tuvo una charla con él y con su hermano, también astronauta, años después, para explicarle que la universidad no necesariamente era para todos, que era tan mal estudiante que mejor pensaba en un oficio. El director del instituto al que asistían intentó infundirle confianza, pero él explicó avergonzado lo imposible que le resultaba prestar atención en clase. Scott Kelly explicó que le resultaba imposible prestar atención en clases. De manera casual termina dando con la carrera de medicina, en la que los resultados dejaban muchísimo que desear. Imposible recibirse de médico con esas notas. Y dice: *»Todo cambió el día en que entré a la librería del campus a comprar algo para comer y me llamó la atención un libro»*. El libro se llama *Lo que hay que tener* (*The Right Stuff*), y es la descripción, las crónicas que Tom Wolfe hace de los… de los inicios de la carrera espacial, de los entrenamientos y de las todas las cosas que pasaban. Leyó… no lo pudo dejar, no lo pudo soltar al libro. El mal lector que era él, no lo pudo soltar al libro y decidió Scott Kelly que eso era lo que él quería hacer. Imagínense que los estudios que hay que hacer y el empeño que hay que poner para ser astronauta, que lo elija y terminar siendo el primero de un año en la… en la estación espacial, no hablan de una persona que no podía atender, que no podía concentrarse, ¿verdad?

 

Exactamente. Para mí ese es el punto —y ahora sí, salvando todas las distancias— por las que escribí *El chiste de leer*: porque no quiero que los chicos sientan que son un error. Ese nuestro derecho a la identidad es que nos den los lentes con la graduación adecuada o enfrentar la lectura que nos cambia así, y que si no te cambia la vida al punto de hacerte elegir una carrera, sí que te la cambia al punto de hacerte sentir un buen lugar de descanso y de alivio y de encuentro con vos mismo.

 

La mala graduación, o la metáfora de la mala graduación, puede ser un contenido inadecuado. *»No le gusta leer»*. No, no le gusta lo que le dieron para leer. No importa que una lectura sea valiosa. Si esa lectura… Borges alentaba a sus estudiantes a que no se empecinaran en seguir leyendo algo que… que dejaran, que sin… así, sin terminar de leer un libro, porque uno tiene que encontrar el libro que le habla a uno, ¿no? Uno conecta, pero el libro de alguna manera te habla para vos. Entonces pueden ser… lo de la mala graduación decía: o bien un contenido que no va para vos, o bien presentarla de otra manera. Chicos que… chicas que tienen dislexia, hay que presentarlo con el interlineado más espaciado, otro tipo de letra, en algunos casos menos texto… en fin, hay que encontrar la manera, pero seguro la motivación es la mitad de la buena graduación. La motivación en este caso es la alegría de encontrar un libro que sentís natural, que te habla, que es para vos.

 

Eso fue para mí el inicio de… de escribir una entrada a la… a la lectoescritura que fuera con… con risa, ¿no? Así pasó. Anécdotas que… este libro, después la anécdota es que iban los chicos, los hermanos mayores, ¿no?, los que están persiguiendo a la familia leyendo chistes. Eso es lo que tiene que pasar. ¿Cómo reconocés que un libro es para vos? Cuando te morís de ganas de… de contagiarlo, de… de recomendarlo. Perseguís a tu familia con el libro atrás o, como a veces pasa que me cuentan: *»Me fui al cuarto para ver qué estaba pasando, de qué se reía»*.

 

El derecho y la identidad, el derecho no solo a no sentirte un error, sino a que está buenísimo lo que te dieron.

© Luis Pescetti