Origen no es destino

Creatividad e identidad están entrelazadas. Nadie busca lo que no concibe, nadie espera lo que no cree para sí. Lo imaginado responde a cómo nos pensamos y nos vemos; pero origen no es destino. Que una persona pueda imaginar una vida en la que su condición de origen no sea un destino obligado da el sentido más pleno a la habilidad creativa, es encontrar la propia voz.

Dos ejercicios

Todos los días, jugar a responder dos preguntas: ¿Qué te llamó la atención del día de ayer? ¿Qué deseo mágico te gustaría que    [...]

¿Qué es la propia voz?

En otras culturas y otros tiempos el valor era más colectivo, se pretendía una voz que reflejara la voz del grupo, la de los ancestros,    [...]

Indicadores de la propia voz (1/3)

Una idea no siempre es una solución evidente. A veces es algo tenue, y necesitamos ser observadores para distinguirla en el ruido de fondo.

El éxito de una idea (2/3)

¿Cómo reconocemos una idea que funcionará? No hay manera segura. Pero sí un indicador: el entusiasmo que nos provoque llegar a mostrarla.

Origen no es destino

El derecho a la identidad incluye lo que queramos ser: origen no es destino. El origen de alguien no puede ser una marca insalvable, un condicionamiento que impide elegir.

Un niño una voz

¿Qué quiere decir “desarrollar tu propia voz”? Que encuentres un tema, un territorio, una vocación en la que no te sientas fuera de lugar y no te sientas incómodo.

Desarrollar la propia voz

Ideas y dos ejercicios simples: ¿Qué te llamó la atención del día de ayer? ¿Qué deseo mágico te gustaría que se cumpla hoy? Una que va en dirección de lo real, y la otra de lo fantástico.

Los niños son inmigrantes

Los niños son inmigrantes en el tiempo. Llegan como “extranjeros en el tiempo” a un presente del cual los adultos somos ciudadanos. Pensarnos como inmigrados nos ayuda a entender a los niños y a comunicarnos.

El narrador tiene la ética del buen traductor

El traductor ético actúa como un representante nuestro frente a una persona local, aunque él también sea local. Para entender a un niño, imagínate como su traductor frente a los adultos.