Los niños acaban de llegar

Vincent van Gogh, “El dormitorio en Arlés”.

Si exiliado es quien no puede regresar a su casa,

y ha dejado algo atrás, para siempre,

exiliados son los que perdieron a una persona amada.

 

Huérfanos de las pequeñas tradiciones cotidianas del desayuno,

la conversación durante la cena, comentar una película,

preparar la comida, tender la cama y compartir las anécdotas del día para acomodar las experiencias.

 

En el exilio viven los que perdieron su hogar,

los viejos que ya no tienen su infancia, sus padres.

 

Pero aquellos para quienes su medio cambió demasiado rápido, el tiempo se los llevó por delante

y, por amor a su terruño o por detestar los cambios, se quedaron en la misma casa, las mismas costumbres,

y la época cambia, y todo cambió menos ellos,

se convirtieron en exiliados los más quietos, los más estables, los más arraigados y nada de lo que ven en la televisión ni oyen en las conversaciones, ni en las propagandas refleja su mundo.

 

En el exilio viven los que todo deben traducirlo a una lengua con colores, sabor profundo, y otros olores.

 

En el exilio, los solitarios alejados de un grupo o de alguien con quien compartían pertenencia

y con quien no necesitaban explicarse para saber de qué se hablaba,

una persona con la que se comparte un lugar común

sin la firmeza de estar en casa,

alejados,

sin contacto ni noticias de su hogar.

 

En blanco, ansiosos y, tal vez, no sin techo, pero sin suelo.

 

El que, cuando se enoja, lo hace en la lengua nativa,

la misma que necesita usar para hacer cuentas.

 

El que para medir distancias compara con antiguos recorridos.

 

Si inmigrante es todo el que llega a una nueva tierra,

en la que todo: la lengua, las costumbres, la cultura,

las casas, lo que se canta y se enseña,

fue modelado por otros antes que él…

una vida para la que no tiene referencias,

en la que debe empezar de cero;

 

si los inmigrantes son indocumentados,

inmigrantes son los niños,

inmigrantes en el tiempo.

 

Llegan al final del día agotados porque hasta la más pequeña iniciativa

implica un esfuerzo extra, emocional y de habilidades.

 

Si  todo resulta extensa y absolutamente nuevo,

son inmigrantes

o son niños.

 

Acaban de llegar.

 

Si ser turista cansa y luego de diez días no querés ver una pirámide más, un museo más, ni ir a oír otro tango o ver otro espectáculo, ni probar una comida nueva,

ni soportás el esfuerzo de traducir a esa lengua nueva, extrañás tu casa y volvés al hotel y ponés el canal que menos te exija,

¡lo que no cansará llegar al mundo!

 

La anécdota de mi amigo Tadeu, de Belo Horizonte, después de 10 días de estar viajando por Cuba: una mañana leía el Gramma en su hotel de La Habana, y sintió satisfacción pues veía que entendía fluidamente el español… hasta que cayó en la cuenta de que tenía en sus manos la edición en portugués.

 

Cuando hago humor para los chicos, no sólo es por el placer de que se rían,

igual que en una taberna de compatriotas en el exilio

les estoy diciendo: descansen, ríanse y descansen, ¡hoy trabajaron tanto!

 

Fue un día largo, y quizás un día duro, y mañana será otro día largo.

 

Descansen y hablemos de lo que no salió bien y riámonos

y hablemos de otras cosas.

 

Mañana será otro día largo, pero nos acordaremos de este momento

y podremos volver a vernos.

Dejen que aterricen en ustedes tantas experiencias, tantos esfuerzos y novedades

del día de hoy.

 

Sé que su jornada fue larga

y no sólo confío en que lo están haciendo bien, sino que ustedes, los niños,

son los únicos inmigrantes que sólo deben esperar

para que todo les pertenezca,

para ser tan de aquí como cualquiera de los que hoy los miran como recién llegados.

 

Es sólo cuestión de tiempo

y lo hacen muy bien.

 

La jornada fue tan larga.

 

Risa y risa con lo que nos preocupó,

descansen.