¿Qué es lo que falta, que la aventura falta?
José Martí
…al fin empezaba a ser un maestro, es decir tan sólo un hombre
que cree en la verdad de lo que hace
“Stoner”, John Williams
Si se habla de trasladar la experiencia del escenario al aula, se piensa en trucos, recursos para mantener cautiva a una audiencia, para ser divertidos; pero no tiene nada que ver con eso.
Empecé
Empecé como maestro de escuela, muchos años, cientos de chicos. Quería ser cantante y escritor, pero era sueños paralelos, mientras trabajaba como profe de música. No tocaba el himno en el piano; pero una vez lo dirigí parado encima de una silla, para que me vieran todos (en zapatillas! me señaló una mamá, pero yo no sabía que el himno se dirigía con zapatos, no fue de rebelde), y a un tempo que contagió a los chicos, realmente fue el himno a pleno pecho. No me proponía componer canciones para chicos, hasta que la maestra de una de las salas de jardín, me dio un poema de despedida hecho por los de la sala de cinco, porque pasaban a primer grado. Ahí empecé, luego una sala me dijo que no querían canciones “para chicos chiquitos”, y tenían cinco años. Entonces, empecé a componer algunas, quería hacerlos reír.
La primera vez que actué en La Habana, llevé un show de media hora para cien personas, pero era el Cine Teatro Acapulco, con más de 1.300 butacas y tenía que actuar una hora. Completé con los juegos y canciones que usaba en la escuela, no tenía otra cosa a mano. La sala estalló, y yo fui el que más se sorprendió. ¿Qué se coló entre mis salones y ese teatro? Ni idea, pero la sala lo festejó.
Tengo las anécdotas más entrañables, bizarras, extravagantes, humanas, delirantes, de lo que ocurría en las clases, en los recreos, en el conventillo del escalafón docente, y de lo que llegaba de las familias, y salta chorreándose evidente en la escuela, porque los maestros tenemos tantas placas radiográficas, telescopios a la vida familiar, como chicos con los que trabajamos. El Vice director de Sony Internacional, nos dijo en un curso de sitcom, en CDMX: “La lente de la cámra es transparente, todo lo que se vive en el set, la energía o la mala onda, entre el director, los actores, todo llega a la audiencia”. Bueno, eso, los niños son transparentes, como esas lentes que explicaba. La escuela es un pantone emocional, tiene toda la escala de pasiones humanas (todas es todas).
Un maestro de Málaga, me decía hace años: “Casi todos mis alumnos están en la cárcel”, y contaba cómo había tenido que inmovilizar a uno, usando todo el peso de su cuerpo, mientras el chico gritaba: “Te voy a matar, maestro, te voy a matar”. Otra docente de secundario, me contó hace poco: “El viernes, en medio del examen, uno tiró el boli al techo, así, de la nada, el boli dio vueltas, cogió impulso y cayó de punta en la pantalla del móvil de otro, y la partió. Éste se levanta como si alzara a un bebé, con los ojos llenos de lágrimas: “Mi iPhone, mi iPhone!”, y fue hasta el otro, le reclamó: “Me has partido el iPhone!” y le zampó un tortazo en la cara. Y yo dije”¡No, no, es viernes, por favor! Me voy a tener que quedar a llenar informes!”. Los separamos, y el que recibió el tortazo, que es karateka de torneos y eso, lloraba: “No es justo, maestra, no es justo, yo porque soy federado no se lo puedo devolver”. Total, éste le pagó la pantalla, los dos sancionados, y hoy tan amigos”.
Como admiro tanto a la Svetlana Aleksiévich, sentía la urgencia de recoger estos testimonios y hacer un libro, como “La guerra no tiene rostro de mujer”, “El fin del homo soviéticus” o el documental “Liubov, amor en ruso”, pero de ese choque de placas tectónicas que es el día a día en cualquier escuela que se precie.
Ahora bién: cómo llega la escuela a construirse esa mala fama de “Santuario de Adaptación”, supongo que porque las noticias mienten, o fingimos demencia, porque los chats de papis y mamis, las reuniones de padres son más intensas que una telenovela turca, y más absurdas, violentas, patéticas: y son todos adultos. Pero, avalados por el sagrado derecho del amor de madres o de padres, que pisa el acelerador y cierra los ojos, en la escuela pasa, se exige y se dice, de todo. Al lado de eso, un ensayo de Bruce Springsteen con su banda, por poner cualquier ejemplo. es un quirófano.
A pesar de lo cotidiana y sabida que es esa realidad, el artista representa el lado libre y salvaje de la vida, y la escuela: el corral de doma, y es que, a veces, es verdad, el combo entre el Ministerio, Curriculum docente, expectativas de algunas familias, se lo gana a pulso.
Lo aburrido vs la aventura
Lo aburrido no es lo contrario de la aventura.
Lo contrario de lo aburrido es la acción con sentido, cuando somos protagonistas y logramos un sentido. Estamos aburridos, cuando no somos protagonistas, lo que hacemos es contra nuestra voluntad y no vemos que tenga finalidad, utilidad, o de última sea divertido.
Se relaciona con la alienación del trabajo en línea del montaje, cuando el trabajador no ve un producto completo sino la repetición del mismo pedacito.
Lo aburrido es, entonces, lo contrario de “a voluntad” y el sentido.
Lo salvaje vs la adaptación
Ser alguien que se adapta tiene mala fama, débil de carácter, no impone las reglas, le toca acomodarse; ser aventurero tiene buena fama: vive por fuera de las normas, de lo establecido y toma riesgos. A los artistas se los suele ver como personas que viven en ese estado de excepción; y la escuela parece ser el templo de la adaptación.
El artista, un show, la creación, se ve como la parte salvaje, libre, de la vida. Un ideal que se aspira tanto por no ser ceñido por las normas como por la plenitud que proporciona la realización para el artista mismo, como el reconocimiento de los demás, un completo, por todos lados.
También, junto con algunas actividades son los restos de “cumplir con lo salvaje” en nuestras vidas, para algunos son las maratones, para otros escalar; en todos los casos siento que, detrás, está la promesa de no haber sido domesticado totalmente, de que conservamos algo indomable, y con eso: más verdadero, y libre (eso siempre!).
Y eso querrá decir que “no nos vencieron”.
Lo contrario de “la aventura”, en tanto “salvaje cumplido”, logro, obra… es el viaje, el tránsito: el laboratorio, la exploración.
El show que presento ante el público es el resultado de un largo camino de exploración, lo que decido lo armo en ese proceso lleno de sentido y placentero.
El recital es todo ese sentido decantado; pero se oculta el camino, como se quitan los andamios de una obra.
CUATRO PUNTOS
1) Creo en lo que hago, lo tengo como verdadero y lo disfruto: me refiero a mi oficio y actuar con público
– ejemplo de ir al médico que mira la pantalla
2) El contenido no es un dogma, debe ser útil, aportar significado, una interpretación de la realidad que nos implica, nos alivia, nos vuelve más eficaces
La relación entre el contenido y cada grupo debe ser clara, contundente, no abstracta.
– es mi trabajo como artista/docente hacer el link
Dado un contenido, pienso en mi público/grupo y debo linkear por qué los implica.
3) Soy un embajador entre el público y una “idea/intuición/contenido” que devuelvo como una obra. No hago un dogma de ese contenido, soy un puente y un traductor, mi trabajo es lograr esa conexión entre el público y el contenido. No espero que ellos accedan a un bien evidente en sí mismo. Mi encuentro es para volverlo necesario
4) Cuido mi entusiasmo: no acepto cualquier invitación, pido condiciones, o le busco la vuelta. re hago cada guión, llevo guías de lo que actué en cada lugar, en el teatro hago una última versión del guion
– no para los 50 minutos de la clase, pero al menos un momento memorable, 3 muy buenos 5 buenos y el resto que no empañe
Saludo final
Le deseo a cada docente que sus alumnos sonrían cuando sepan que les toca con él o ella, que digan “Qué buena onda, nos toca con…”, que sigan en la profesión creyendo en ustedes, en lo que hacen y sus alumnos. Y a los chicos y chicas, les deseo esa clase de docentes.
Luis Pescetti, Buenos Aires Marzo 2026
La invitación fue del Dr. Mario Carretero
Director del Área de Psicología del Conocimiento y Aprendizaje
Flacso Argentina
© Luis Pescetti