Experiencias: exageraciones

 

Edgar Degas, “The Dance Class”.

Si en la familia circulan historias un tanto exageradas podemos escoger un narrador muy ingenuo que las crea a pies juntillas, y las cuente sin dudas ni reservas. Trata de convencernos o se ofende por la probable incredulidad de quien las oiga.

Acá la eficacia se da por el contrario: en lugar de “discutir” con esa parte de la historia que la familia pretende o se vende a sí misma, la aceptamos sin la más mínima duda… y eso es sospechoso.

¿Por qué? Porque todo relato se recibe con un mínimo de resistencia, o todo receptor requiere un mínimo de persuasión, cuando eso falta por completo sentimos que nos están tomando el pelo, o que les importa un comino lo que decimos.

El narrador ingenuo funciona mejor que ponerse a discutir o desmentir. Desenmascara el relato más eficazmente. Es como si dijéramos: “Si creyera lo que dicen, el resultado es éste”.