Voy sentado atrás

de la serie “la educación vial desde el punto de vista de los niños” (ver completa click acá)
 

Texto dirigido a los docentes

 

Gustavo Schujman

 

La confianza, el cuidado y la gratitud

 

La canción expresa el gozo de un niño al ser llevado por su padre/madre, el reconocimiento del cuidado amoroso y el deseo de devolver algún día ese gesto de cuidado.

 

Al nacer, los seres humanos somos muy frágiles. Entramos en este mundo, pero no podemos hacer casi nada, salvo gemir o llorar para llamar la atención y que nos atiendan. No podemos alimentarnos ni abrigarnos ni higienizarnos, ni trasladarnos de un lado al otro. Nuestro físico no resistiría mucho tiempo el hambre, el frío o el extremo calor. Por eso, para sobrevivir necesitamos de mucha protección y cuidado por parte de otros seres humanos que ya han pasado por esa etapa de absoluta indefensión, que ya han dejado de ser “cachorros”.
 

Desde un punto de vista biológico, el ser humano es sumamente débil. Y la infancia humana, comparada con la de otros animales, es muy prolongada. Todo esto significa que los seres humanos que son bebés o niños dependen mucho de la ayuda y del cuidado de quienes ya no lo son.
 

El niño pequeño está librado al cuidado del adulto, no tiene otra posibilidad de sobrevivir si no es teniendo confianza en el adulto y no tiene otra vía para humanizarse. A su vez, la responsabilidad del adulto es ayudar al niño a salir de su impericia: el crecimiento del niño exige que el adulto renuncie a su poder y que no abuse de él. Es por la confianza al niño que este podrá tener confianza en sí mismo, en sus capacidades.
 

La confianza consolida la independencia del niño y prepara su autonomía. Tiene un efecto emancipador.
 

El cuidado y la confianza recibidos generan en nosotros el sentimiento de gratitud. La gratitud puede ser entendida como el placer, la satisfacción de haber recibido, el reconocimiento de una deuda, y la devolución. Gratitud a lo que fue, en tanto eso permanece. La gratitud deriva del convencimiento de que no somos causa de nosotros mismos, de que hay otros que nos han ayudado a constituirnos. Esa gratitud es la fuente de la generosidad.
 

Una auténtica educación en valores no se satisface con que niños y niñas digan “gracias” en los momentos oportunos. Lo valioso es que se sientan agradecidos/as.

 

Actividades

1. Mientras pasean en vehículo… ¿podés pasear con la imaginación? ¿sí, no, por qué?

2. ¿Cuál es la diferencia entre “pasear en auto” y “pasear con la imaginación”?

3. ¿Les gustaría manejar cuando sean grandes? ¿Por qué?

4. ¿A dónde irían si pudieran manejar?

5. ¿A dónde irían si pudieran volar?

6. ¿Piensan que manejar puede sentirse, un poco, como volar?

7. Armemos un auto: les proponemos que, con diferentes sillas, armen un auto. Pueden jugar a sentarse atrás y adelante. Luego de jugar, conversen: ¿dónde se sintieron más cómodos? ¿por qué? ¿dónde se sintieron más seguros? ¿por qué? ¿por qué los chicos y las chicas no viajan en el asiento del conductor? ¿por qué el conductor siempre es el que maneja el volante?

8. Vayan a la ventana más cercana que tengan y ¡sáquenle una foto! Después, pueden agregar cosas que no están, pero les gustaría que estén.

9. ¡Beneficios de ir sentados atrás! Armen un decálogo que explique por qué estar atrás en el auto es mucho mejor que estar adelante.

10. ¡Está bien! ¡Los chicos y las chicas no pueden manejar! ¿Pero pueden “llevarnos a pasear” a algún lado a los grandes? ¿A dónde? ¿A dónde llevarían a pasear a un amigo? ¿Y a un tío? ¿Y a un director de escuela? ¿Y a un payaso?

11. Armen una canción para el conductor que maneja el auto, que diga a dónde lo llevarían si pudieran manejar (pero no pueden…).

12. Vayan a preguntarle a diferentes conductores (de colectivos, de trenes, de autos) a dónde suelen llevar a las personas y por qué. ¿Cuál les gustó más? ¿A qué lugar les gustaría llegar?
 

de la serie “la educación vial desde el punto de vista de los niños” (ver completa click acá)

© Luis Pescetti